16 ago. 2017

Playtime: El París de Tati


                                            "Paris es la soledad rodeada de gente.
                                             Una ciudad de la provincia es un 

                                             desierto sin soledad."
                                        Francois Mauriac

Jacques Tati fue uno de esos directores iconicos para la comedia francesa, por su puestas en escena heredera del slapstick y la mudez del cine de los años 20, así como por sus entrañables personajes y gags, mediados entre lo coreográfico, la crítica a una sociedad moderna/individualista y los ideales de este director nacido Le Pecq (Francia). Con una obra cinematográfica impecable, no exenta de fracasos económicos y relegada por parte del público pero cada uno de sus largometrajes desde Día de Fiesta (primera película que reseñamos de Tati) hasta Playtime - la cual vamos a reseñar el día de hoy-  están enmarcadas en un nostálgico, inocente pero crítico humor de gags visuales, pocos diálogos e hiperbólicos diseños sonoros. 

Tati, que venía del mundo clown, el deporte y la comedia circense, puso estos talentos, en un principio en la actuación, y a partir de la posguerra como director, apoyado por el productor Fred Orain, con quien fundó la Cady-Films, responsable de las primeras películas del francés (tres en total), que también vio nacer al icónico, entrañable y silencioso señor Hulot, punto de referencia de este director, y el personaje principal de Playtime, obra que vamos a reseñar.


Escrita en conjunto por el mismo Tati, el comediante estadounidense Arthur Buchwald y el artista Jacques Lagrange, quienes homenajean a la "ciudad luz" con la ironía propia del género, separada en seis capítulos, que tienen como protagonistas o hilos conductores al señor Hulot, interpretado por Tati y una joven estadounidense (Barbara Denek) que acompaña a un grupo de turistas que no ven mayor diferencia entre este París y otras ciudades del mundo; el encuentro entre el señor Hulot, -y sus consabidas confusiones-, con la joven turista y su grupo, les hará vivir a éstos,  una verdadera experiencia como verdaderos parisinos. Con cierto aire nostálgico, y convirtiendo a la ciudad de París - aunque sea una reconstrucción a las afueras de la misma- en el protagonista de la obra, y al modernismo/americanismo como antagonistas, y parte de la crítica visual que crea Tati, como una danza de cuerpos, edificios y autos mecanizados. 

Un guión que sí bien apela al humor, está cercado por el sarcasmo, y cierta abstracción en lo narrativo, es decir, es más un sentimiento lo que termina expresando el director que una verdadera historia, puntos de giros o construcción de personajes; eso no quiere decir, que la obra esté exenta de los magistrales gags de Tati o de un argumento, sólo que éste se termina convirtiendo en críticas a ese modernismo, en los edificios - minimalistas y abiertos al público como vitrinas-, lenguaje, el uso de americanismos, a las clases altas y sus vicios, al arte y la tecnología, y sus desvarios, y otros temas, en los que no concordaba este director.

Mucho más sutil, el humor; con cierta cercanía a las sinfonías urbanas en algunas secuencias y abogando por esa identidad, de la que el señor Hulot, es el mejor reflejo, Tati y colaboradores, crean un guión lleno de pequeños detalles, eventos inusuales y una certera voz sobre la despersonalización: uniformidad y anonimato del hombre, como alguna vez dijo.



La impecable fotografía de Jean Badal y Andréas Winding, no sólo es efectiva en su técnica sino en el uso de la cámara, sí bien no hay mayor dinamismo en la misma, las composiciones, acciones y disposiciones en la puesta en escena son realmente de gran calidad, también se debe destacar el manejo de color, y ese ambiente artificioso, casi pictórico, propio del director francés (sus obras en color); pero el punto más fuerte, son esos pequeños detalles, casi imperceptibles, en los puntos más escondidos de la escena, y obviamente, esos bellos reflejos en las ventanas de una ciudad olvidada, melancólica, como el París, al que le hace honor el director francés.

Tan francés como Tati, la música de Francis Lemarque, es el complemento perfecto para esta obra, sonidos de vientos, casi juguetones pero sin perder ese aíre melancólico, que va estar presente en todo el largometraje, sólo cabe disfrutar esa secuencia final, en la que el tráfico de la ciudad con los sonidos de Lemarque, son un verdadero ballet urbano. 

Pero la fotografía y hasta la misma música no habrían tenido el mismo sentido sin las decoraciones y la ciudadela que se creó para este largometraje, ese Tativille, que emulaba una París fría, geométrica, minimalista que en colaboración de Jacques Lagrange, se pudo visualizar este monumental set al aíre libre,  que de por sí, se convierte en el sustrato de este largometraje.


  
Aunque en un principio la película se hace confusa, ya que no es clara la narrativa o los personajes, cuando uno va entendiendo el desarrollo de la misma, se encuentra no sólo con una gran comedia sino con una bella reflexión sobre la vida moderna, sus colapsos, complejidades y saturaciones, mediadas por las clases sociales, las invasiones culturales y tanto otros elementos que Tati va colocando en escena; mucho más sutil en su humor, sin dejar los gags de lado, igualmente, llena de un lirismo melancólico que podemos ver en esos reflejos en las ventanas, en el mismo señor Hulot, en esos pintorescos personajes que parecen ajenos a esa ciudad, o la secuencia final del tráfico y tantos otros elementos, que hacen de esta obra, un verdadero clásico del cine francés, y tal vez la que más me ha gustado de Tati.

Zoom in: A pesar de ser alabada por la crítica, la película terminó siendo un fracaso comercial que llevó a la bancarrota a Tati y su productora.

Montaje Paralelo:  Paris - Señor Hulot



10 ago. 2017

Afiches del mundo: Playtime de Jacques Tati


La versión de Criterion Collection

La versión Polaca




Una versión alemana

                      

                      

                   

8 ago. 2017

Cineclubiando: Voces de la Amazonía


                                    "Los pueblos indigenas hemos podido 
ocultar 
                                    nuestra identidad porque hemos sabido resistir."
                                                                                      Rigoberta Menchú

En el cine club 4bits de la Uniagustiniana (Universidad en la que trabajo), se tuvo la oportunidad de observar un nuevo ciclo programado por los estudiantes de Cine y Televisión y gestores de dicha propuesta,  con la nueva alianza de las salas asociadas de la Cinemateca Distrital; el documental que vimos, en presencia de alumnos y algunos docentes - incluyendome-, fue la co-producción franco-ecuatoriana Voces de la Amazonía, trabajo de denuncia  por parte de la antropóloga Lucile Alemany, la socióloga Lamia Chraibi y la directora artística Margerie David, las cuales registraron la lucha de varios pueblos indígenas contra la explotación petrolera en sus terrritorios, desplazamientos y demás situaciones entorno a estas problemáticas. El trabajo, centrado en dichas resistencias, en las ayudas por parte de diversos escenarios, las complejidades y también los pequeños logros, que estos pueblos, no sólo han ganado a partir de la protesta y lucha sino a través de la educación y del mismo reconocimiento de tales acciones de las multinacionales. 

Con cierto eco a crónica, y pasando por diversas acciones, desde la crítica hasta la defensa de los territorios, está construido este audiovisual, con diversas voces, principalmente la de los indígenas, defensores y políticos, y los resultados que se han venido dando.

Zoom in: Premiada en pequeños festivales de cine indígena, resistencia y demás.
La película se finalizó a través del crowfunding

Montaje Paralelo: Testigos de un etnocidio - Cine indígena

       

Dunkirk: Poética(s) de guerra


                         "Triunfan aquellos que saben cuándo luchar y cuándo no."
                                                                                                             Sun Tzu


Escribir sobre el último trabajo de Christopher Nolan era casi una responsabilidad de este blog, no sólo porque hemos visto todas las obras de este director inglés, sino por que es uno de nuestros directores favoritos, además de los grandes comentarios y reseñas que mostraban a este trabajo como uno de los mejores largometrajes de este año, acercándose a un evento histórico y bélico desde lo expresivo por encima de los heroísmos y de las   estructuras canónicas de este tipo de cine; no con ésto, estoy diciendo que Nolan, haya concebido una obra ajena a las narrativas propias de este tipo de género(s) sino por el contrario el cineasta formado en Literatura Inglesa, juega con el tiempo y con cierta carga poética a través de las imágenes, influenciadas por la literatura borgiana, del cine de Malick, de la misma escritura no lineal, como del mismo arte de Escher y otras más, que se pueden visualizar en su filmografía; una que ha pasado de la absoluta independencia a los Blockbusters mejor reseñados por crítica, público y taquilla.

El universo cinematográfico de Nolan junto a su hermano Jonathan, es uno donde el tiempo, los elementos psicológicos y la fractura, emocional y narrativa son fundamentales para crear historias con una fuerte carga existencial, dramática  y de sensaciones, tanto en lo visual como en lo sonoro, como lo podemos observar en su último largometraje Dunkirk, obra bélica de retiradas, heroísmos del común y una notable fuerza expresiva marcada no sólo por lo técnico sino en la misma construcción colectiva de los personajes, el (tri)paralelismo narrativo y ese tono lírico enmarcando la lucha área, las secuencias en la playa y demás elementos coreográficos construidos a partir de esa gran premisa, que fue "el honor en la retirada", como podemos ver en cada uno de los puntos de vista de este largometraje.



Escrita por Nolan, tomando como referencia uno de esos eventos poco recordados de la Segunda Guerra Mundial como lo fue la retirada a la que se vieron sometidos el bando británico y francés, al estar cercadas por los alemanes en la isla de Dunkerque, lo que un principio se vio  como un fracaso, se terminó convirtiendo en un milagro, gracias a las acciones de los civiles y del sacrificio individual de varios militares.

Un guión creado a partir de tres puntos de vista, cada uno con su propio tiempo, protagonista y suspenso, con la tierra, aíre y mar como fondos, atravesados por los spitfire, acorazados o el instinto de supervivencia de casi 300 mil hombres, que tuvieron que sucumbir ante la Operación Dinamo a mediados de 1940, en una Francia invadida y en el punto más fuerte de la guerra, pero a la vez, un acto que se convirtió en mito y esperanza en medio del desastre.

Para complementar lo anterior, debemos destacar del guión, además de sus pocos diálogos, la construcción colectiva de los personajes, y el "desapego" a grandes heroísmos y a la misma grandilocuencia; por eso el rostro de Tom Hardy está cubierto durante casi toda la obra o la aparición de Cillian Murphy, es casi anecdótica, sin negar que afectan el desarrollo de la narrativa, peor más bien, le dan relevancia a la unión de los pescadores, militares o demás, conformando al gran héroe colectivo, es decir, guardando las proporciones, lo que Eisenstein u otros directores de cine bélico, neorrealismo italiano incluido, hicieron en el pasado.



Sin embargo, si vamos a escribir sobre el trabajo más destacado de este largometraje, no cabe duda que recae sobre la visión del sueco-suizo-holandés Hoyte van Hoytema, que no sólo técnicamente asume la visión más naturalista y cruda de la guerra sino que logra darle a esas imágenes ecos poéticos a través del manejo de la luz y el color, sin negar las influencias pictóricas del romanticismo alemán, del arte popular de guerra y diseño, y obviamente los archivos cinematográficos entorno al mismo tema; van Hoytema, que ya había colaborado con Nolan en Interstellar, además de diseñar esa propuesta lumínica logra trasmitirnos la desazón y esperanza, puestas en la imágenes, como observamos en el punto final, en el que el piloto que encarna Hardy, quema su avión, generando una textura y trabajo fotográfico de gran expresión como también lo podemos percibir en las secuencias de la playa, aéreas o desde el punto de vista de esos civiles convertido en héroes; no se puede dejar de lado el gran trabajo de cámara, pausada en sus movimientos pero repleta de acciones y dinamismo en la escena, jugando un importante papel, no sólo en el empate del montaje sino en su inteligente construcción/tensión por parte del editor Lee Smith.

Eso sí, es innegable que el compositor alemán Hans Zimmer, otro que se ha vuelto colaborador habitual de Nolan, crea una de las más bellas pero tensionantes bandas sonoras, con ese marcado sonido del reloj, de las explosiones y elementos orquestales que muchas veces, en esta obra, reemplazan a la voz y complementan la esencia entre drmática, esperanzadora y desgarradora de una guerra; pero curiosamente, como también lo hizo en Interstellar, una voz en off, se convierte no sólo en narradora sino en un canto épico a esa retirada, a ese triunfo de la solidaridad. 


   
Ya lo escribía en líneas anteriores, aunque las actuaciones están marcadas por la colectividad, cabe destacar el papel de Hardy, que sí bien poco aparece su rostro, como en en su Bane de Batman, su voz y expresiones - marcadas por el montaje-, lo hacen esencial en esta película, también es coherente escribir que el papel de Fionn Whitehead (un verdadero desconocido) o Damien Bonnard, pasan con creces las pruebas, y tanto las apariciones de Kenneth Branagh o de Cillian Murphy, no sólo complementan sino que hacen cierto contraste con dicha colectividad actoral, que de por sí, está muy bien marcada por los diversos actores que aparecen en pantalla.

Es decir, como conclusión, una de las mejores películas - comerciales- de este año, una de las más sobresalientes del director inglés, y un excelente ejercicio - y nunca mejor dicho- cinematográfico, que apela a los mejores recursos narrativos y audiovisuales, alejándose de la hiperviolencia como escribe Lauro Zavala en alguno de sus ensayos,  y más bien retomando ese hálito poético que puede tener el cine bélico, igualmente porque es un largometraje de una cuidada  manifestación visual, no sólo en la imagen sino en la construcción de la misma, y porque, como es habitual en Nolan, se desliza por esos caminos narratológicos, que le funcionan bastante bien a este director; también cabe destacar, que este tipo de obras, con pocos diálogos, sin mayores puntos de giro o sorpresas, nacionalismos (americanización) o historias de amor, dan pie, a que la imagen/sonido construyan el verdadero cuerpo de la obra, y esa es la parte, que mejor aprovecha el director/guionista, en cierta forma, la sencillez o los pequeños heroísmos se van a convertir en lo épico y grandilocuente. Para finalizar, y con muy poca objetividad, una de las mejores películas que he visto este año, y posiblemente entre las mejores que he visto de este director, del que en este blog, hemos visto toda su filmografía y es parte esencial del mismo. Trabajo recomendado, de ver varias veces, y para quienes lo puedan ver en 70 mm, IMAX o por lo menos en una sala de cine, disfrutarlo de la mejor manera.

Zoom in: Aunque en esta ocasión no hizo presencia el hermano menor de Nolan, si lo hizo su tío, en un pequeño pero esencial papel, como lo es el ciego que entrega las bebidas calientes a los soldados recién llegados de la retirada de Dunquerque.
La mayor parte de las secuencias y puestas en escena fueron recreadas con extras, aviones reales o construidos con los parámetros de la época, alejándose de las técnicas digitales o composiciones binarias.
Ni los alemanes o personajes reconocidos de la guerra (Churchill, Hitler o demás) aparecen en pantalla

Montaje Paralelo:  II Guerra Mundial 



29 jul. 2017

La Mujer Maravilla: Heroínas fuera y dentro de la pantalla


                               Diana: “No se trata de merecer; se trata de lo que usted cree.
                               Y yo creo en el amor. ... Sólo el amor podrá verdaderamente
                               salvar el mundo “. (Diálogo)

Continuando con el plan palomitero de vacaciones, vimos Wonder Woman, cuarta entrega del universo extendido de DC, dirigida por la no muy experimentada aunque multipremiada Patty Jenkins, quien recibió varias nominaciones por su  primer largometraje Monster; la californiana formada en el American Film Institut, inició como muchos de los directores de los años 90, realizando publicidad y videoclips; un par de años alejada de las cámaras, centrada en la docencia  y sus estudios de posgrado, dio fruto para un cortometraje llamado Velocity Rules financiado por la misma AFI, con cierto aíre almodovariano y a los superhéroes, donde la mujer es la protagonista, en cierta forma adelantándose a la que sería su obra más conocida y rentable como lo es Wonder Woman, heroína que se abrió camino en el Batman vs Superman de Sneyder y,  a la cual  Jenkins, le dio su propia personalidad y estilo, además de un reconocimiento más allá del cinematográfico, como lo fue el de Derechos Humanos en Canadá, y el empoderamiento femenino (fuera y dentro de las pantallas) 

  
Con guión de Allan Heinberg e historia en conjunto por Zneyder, Jason Fuchs y el mismo guionista, que toman el personaje creado por William Moulton Marston, y lo adaptan a ese universo expandido de DC, guardando los conceptos y orígenes de Diana de Themyscira, las amazonas y la mitología griega.

La película nos muestra el origen, y evolución de esta guerrera hija de Zeus y hermana de Ares, escondida entre las brumas del tiempo,en la isla de Themyscira, donde habitan las Amazonas; la llegada de un hombre, un piloto  y espía de nombre Steve Trevor (Chris Pine),perseguido por los alemanes, no sólo les mostrará a las guerreras, otro mundo sino ese tan temido, espíritu destructivo de los humanos.

Ubicada en el clímax de la Primera Guerra Mundial, y ese punto intermedio, entre la creación del gas mostaza  y las salidas pacíficas, que se intentaban en un caótico Londres, a donde llegarán Steve y Diana Prince/Wonder Woman (Gal Gadot); a partir de este punto, el largometraje se sostendrá entre la búsqueda de Wonder Woman por Ares, y acabar la guerra, y la de Trevor junto a su grupo de guerrilla, para evitar un mayor desastre; pero la búsqueda de uno y de otro, tendrá la misma consecuencia. 

Sin mayores artilugios narrativos, centrándose en la lucha personal de La mujer Maravilla y la relación que se va formando con Trevor y amigos, de forma paralela vamos viendo -superficialmente-  el caos de la guerra, y en este punto acierta la visión de Jenkins más que la escritura de Heinberg.



Aunque hablar de dirección de fotografía en este tipo de obras, es asimilarlo a la composición digital y a los mismos efectos especiales, el trabajo del experimentado Matthew Jensen, ligado a la televisión, sale bien librado en el trabajo de cámara, y en las escenas de acción. Sí bien la música puede pecar en exceso en las diversas secuencias también cabe destacar ese leitmotiv en las apariciones de la heroína, que ya habíamos escuchado en Batman vs. Superman.

Con un departamento de arte, efectos, animación y composición que se hace interminable en sus nombres, es obvio que es otro de los puntos fuertes de este largometraje, que sí bien apela a lo visual, funciona de forma efectiva en su desarrollo. Las actuaciones de Gal Gadot y Chris Pine, son más que efectivas, y el carisma de esta pareja protagonista funciona tanto en lo dramático como en el desarrollo de la obra, obviamente, sí cabe destacar un papel, es el interpretado por David Thewlis (Naked - Harry Potter), Sir Patrick/Ares, que logra emular los  mejores momentos del largometraje, y su mismo aspecto, constrasta con la fuerza del mitológico personaje; también tiene cabida la actuación de Danny Houston y la corta aparición de Robin Wright como la madre de Wonder Woman. En general, actuaciones sólidas, respaldas por la espectacularidad de sus imágenes y efectos.



Aunque la película me gustó más de lo que pensé, con un guión por lo menos efectivo en su construcción, sólido en actuaciones e imagen, en cierto modo, el peso que recae en Gadot, no es suficiente para toda la obra; aún así, la construcción narrativa con la Primera Guerra Mundial de fondo,  su obvio tono antibelicista y la espectacularidad de la forma sobre el fondo, es más que suficiente para disfrutar de este largometraje. 

Zoom in: Además de algunos premios menores, la película se convirtió en representante de los Derechos Humanos.

Montaje Paralelo: Universo DC